La Asociación del Personal de Dirección de los Ferrocarriles Argentinos (A.P.D.F.A.) es una Asociación Profesional de primer grado, constituida el 5 de abril de 1957 y a partir del 30/4/62, de acuerdo a la resolución D.G.A.P. Nº 15/62, se integra el Personal de Puertos Argentinos. Tiene jurisdicción gremial en todo el territorio del País y su domicilio legal en la Calle Billinghurst 426/28 de la Capital Federal.
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domingo, 30 de abril de 2017

NUEVA CONMEMORACIÓN DEL DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES

Desde la seccional Rosario de la Asociación del Personal de Dirección de los Ferrocarriles y Puertos Argentinos queremos hacerle llegar a todos los compañeros trabajadores del país y el mundo nuestro saludo en este nuevo aniversario del día de los trabajadores. Hoy nos encuentra atravesando, nuevamente, momentos amargos, de persecuciones, despidos e injusticias diversas hacia los trabajadores nacionales. Esperemos que el futuro que está en nuestras manos conseguir, nos conduzca a momentos de mayor felicidad y justicia social.

Reproducimos el mensaje emitido por la Comisión Directiva en relación a esta fecha.



Compartimos un artículo del diario La Capital de Rosario, publicado el 30 de abril de 2017.


Domingo 30 de Abril de 2017.

"Las conquistas obreras sólo se consiguieron con lucha"


Por Lisy Smiles / La Capital.

La historiadora Agustina Prieto revisa junto a Cultura y libros lo ocurrido el 1º de mayo de 1886 en Chicago, la fecha que dio origen al Día Internacional de los Trabajadores, y da cuenta de las repercusiones a nivel local.

Mayo de 1886.  Grabado que muestra la explosión en la Revuelta de Haymarket.


Este año se cumplirán 131 años de la ejecución en la horca de cuatro trabajadores que habían sido acusados por la muerte de un policía en lo que se conoció como la Revuelta de Haymarket. Se trata de los Mártires de Chicago quienes junto a miles de obreros adhirieron un 1º de mayo a una huelga para reclamar por las 8 horas de trabajo. La fecha marcó un hito en la historia de las luchas obreras y ha movilizado a millares de trabajadores desde entonces. "Las conquistas laborales sólo se han conseguido con lucha", advierte la historiadora Agustina Prieto mientras revisa aquellos convulsionados días y cómo ese reclamo impactó en la historia social y política local.

Acusados de la muerte de un policía, de ser "enemigos de la sociedad y el orden establecido" y luego de un juicio que fue considerado una farsa fueron ejecutados George Engel (alemán, 50 años, tipógrafo), Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista), Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista) y August Vincent Theodore Spies (alemán, 31 años, periodista). Louis Lingg (alemán, 22 años, carpintero), también condenado a la horca, se suicidó antes de la ejecución de la pena. "No es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad", dijo antes de quitarse la vida.

En 1890, no mucho tiempo después de la revuelta y de lo que precipitó la protesta, Rosario fue, junto a Buenos Aires, de las primeras ciudades en conmemorar el 1º de Mayo. A la vez, en 1904 una huelga de los empleados de comercio pidiendo por las 8 horas de trabajo, el reconocimiento de la entidad que los agrupaba y el descanso dominical, entre otros derechos, arrojó en Rosario la muerte también de cuatro trabajadores, luego de una brutal represión de la policía en inmediaciones de la plaza Santa Rosa (hoy Sarmiento).

Prieto en diálogo con Cultura y libros analiza los hechos y repasa la importancia del reclamo desde entonces y hasta la actualidad, ante un panorama incierto del mundo laboral.

—Hace 131 años eran juzgados y condenados los trabajadores que luego se conocieron como los Mártires de Chicago. ¿Cómo y cuándo había comenzado el reclamo por las 8 horas?

—En 1884 una de las federaciones que reunían a los trabajadores norteamericanos se había fijado como meta que para el 1º de mayo de 1886 existiera una ley reglamentando las 8 horas de trabajo. Pero el reclamo venía desde hacía muchos años. Una de las primeras propuestas serias referidas a este tema es de 1810, cuando Robert Owen, un socialista utópico británico, plantea que la calidad del trabajo, de lo que produce un obrero, es proporcional a la calidad de sus condiciones de vida. En 1817, vuelve sobre el tema y plantea una suerte de lema, "8 horas para el trabajo, 8 horas para la recreación y 8 horas para el descanso". Desde entonces es un reclamo que aparece siempre.

—¿Qué ocurría en EEUU?

—Antes de mayo de 1886, el presidente de EEUU (Andrew Johnson ) promulga una ley, llamada ley Ingersoll, que establece que la jornada laboral va a ser de 8 horas aunque también dice que en casos especiales la jornada podrá ser hasta de 14 o 18 horas. Esa ley se reglamenta y no se cumple, entonces como no se cumple se hace una gran huelga. Esa huelga tiene uno de sus epicentros en Chicago.

—¿Qué ocurrió ese 1º de mayo de 1886 en Chicago?

—La huelga es generalizada. Uno de los pocos lugares donde se trabaja, en realidad es prácticamente el único, es la fábrica de maquinaria agrícola McCormick. Trabaja porque los obreros que estaban ocupados ahí eran esquiroles, rompehuelgas. Y esto era así porque desde febrero la fábrica estaba de paro porque a sus dueños se les había ocurrido que los obreros tenían que hacer parte de su trabajo de manera gratuita para construir una iglesia. Los trabajadores se niegan, van a la huelga y entran esquiroles. Durante esos días se hacen varios actos. El 3 de mayo hay una concentración en la puerta de la fábrica de McCormick, suena la sirena que marca el horario de salida y hay encontronazos. La policía dispara a mansalva, mueren seis obreros y queda un tendal de heridos. Para el 4 de mayo se convoca a un acto de repudio por lo ocurrido días anteriores. Asisten miles de obreros y también gran cantidad de policías. En el lugar donde estaban los policías, estalla una bomba que mata a un agente y deja malherido a otro. Ese es el momento en el cual la policía detiene a una cantidad muy grande de huelguistas y es el inicio de lo que va a ser el juicio a los presuntos responsables de la bomba que mató al policía.

—Nunca se pudo comprobar la autoría del atentado.

—Nunca se pudo comprobar quién fue, si la pusieron los anarquistas, obreros que no estaban vinculados a ninguna organización o si fue la propia policía. No se supo, pero lo cierto es que se abrió un proceso que estuvo plagado de irregularidades. Como por ejemplo, uno de los que finalmente ejecutan es un dirigente obrero que ni siquiera había estado ahí. Otro de los ejecutados es un periodista que tenía un periódico y que después de que la policía mata a las seis personas escribió una nota donde anuncia que empieza "la batalla" y pregona: "¡A las armas obreros!". Entonces, el hecho de haber escrito y publicado eso fue un argumento para hacerlo responsable. Los ejecutados eran todos activistas obreros, anarquistas muchos de ellos, pero nunca se pudo probar la participación fehaciente en lo que se los acusaba.

—¿Qué repercusión tuvieron la revuelta, el juicio y las ejecuciones?

—Ese juicio va a tener mucha publicidad, porque después de los sucesos de Haymarket una cantidad importante de empresarios decide por las suyas otorgar las 8 horas de trabajo. O sea, finalmente la huelga general y la paralización de Chicago y otras ciudades en torno de este tema había logrado, a un costo altísimo, las 8 horas. Esto no quiere decir que se trabajara en todos lados 8 horas, no era algo generalizado pero lo cierto es que el reclamo de las ocho horas va a ser el único tema que va a aunar a todos los trabajadores del mundo, incluso de distintas ideologías políticas. El descanso dominical tuvo sus detractores, como por ejemplo los anarquistas que cuestionaban que fuera el domingo, por el cariz religioso del tema. Pero las 8 horas fue una consigna que tuvo adhesión en todo el mundo, entre los anarquistas, los católicos, los socialistas y los protestantes.

—¿Y esto cómo repercute en el país y en Rosario?

—Rosario y Buenos Aires fueron las primeras ciudades en el país que conmemoraron el 1º de mayo. Ocurrió en 1890 y fue como la primera manifestación de organizaciones obreras en el país; salen a recordar a los mártires y a reclamar diversos derechos. Esto se relaciona con que en 1889 la Segunda Internacional reunida en París decide que el 1º de mayo de 1890 se concreten actos para conmemorar lo que había ocurrido a partir del 1º de mayo de 1886 en Chicago. Hubo actos en algunas ciudades del mundo. Las concentraciones visibilizaron a los trabajadores. Los diarios de Rosario cubrieron el acto y hasta en cierta manera reivindicaron los reclamos. Decían algo así como que los que ponen trabajo también tienen derechos. El acto partió de la plaza López para llegar a lo que ahora serían las inmediaciones del viaducto Avellaneda. A partir de ese momento, los trabajadores intentan que ese día sea no laborable. Así, si obtienen permiso de sus patrones no trabajan o muchos dejan de trabajar al momento de realizarse el acto. Eso dependía de la fuerza de cada organización. Lo cierto es que lo que muestra la historia de las conquistas obreras es que todo se obtuvo a partir de un reclamo, las 8 horas, el descanso dominical, todas fueron conquistas que hubo que obtener, nunca fueron concesiones, no vinieron de arriba, siempre fueron producto de la lucha.

Los nombres de los que no hicieron huelga en Rosario (1904).
Foto: Caras y Caretas

La Masacre de la plaza Santa Rosa

En noviembre de 1904 una huelga de los empleados de comercio en Rosario logró impulsar la reducción de la jornada laboral y el descanso dominical. No fue sencillo, por las protestas murieron cuatro obreros a causa de la represión policial. El hecho se conoce como la Masacre de la plaza Santa Rosa, ya que ese sitio, hoy plaza Sarmiento, fue el escenario de los reclamos.

Domingo 20 de noviembre de 1904. Una multitudinaria asamblea definió una huelga de los empleados de comercio. Pedían el reconocimiento de la entidad gremial; descanso dominical absoluto; ocho horas de trabajo; que ningún empleado fuera despedido ni multado por tener actividad sindical y vida externa. El lunes casi no hubo actividad en la ciudad y parecía una jornada tranquila. Pero tras una asamblea, el escuadrón de seguridad dispersó a sablazos a los rosarinos que estaban en las inmediaciones de la plaza Santa Rosa. Hubo más de diez heridos, y fue el comienzo de una semana trágica en Rosario.

Tras la asamblea y la irrupción policial, los patrones se reunieron y aceptaron en parte las condiciones reclamadas, pero como no hubo comunicación oficial, al otro día una nueva asamblea, custodiada por la policía, decidió la continuidad del paro. Los trabajadores recibieron la orden de desalojar la sede gremial, y en la esquina de San Luis y Maipú "ocurrió un choque sangriento".

La crónica que publicó La Capital sobre lo ocurrido señaló: "Venía por Maipú hacia San Luis un grupo de panaderos que no pasaría de las siete personas. Al llegar a San Luis un oficial de policía se les acercó ordenándoles que se retiraran y al mismo tiempo tomó violentamente del brazo a uno de los panaderos, un joven de 17 años, de nombre Jesús Pereyra". Tras un forcejeo, un policía "sacó su revólver e hizo fuego hiriendo mortalmente en la frente al jovencito Pereyra que cayó sin exhalar un ay (sic)", describió el cronista.

Después, "el cadáver fue entregado a un pariente para ser velado en su domicilio de Cochabamba entre San Martín y Libertad (hoy Sarmiento)". Tras el brutal asesinato los huelguistas, a quienes ya se habían unido trabajadores de otros gremios, definieron una huelga general por 48 horas, con una marcha para acompañar el entierro del joven Pereyra. Pero a la noche, el jefe policial al frente de numerosos efectivos "sacó el cadáver de la casa mortuoria, haciéndolo conducir al cementerio nuevo", precisó La Capital.

Cuando el miércoles por la mañana se conoció la noticia las distintas sociedades obreras acordaron una marcha en la cual llevarían ofrendas para depositarlas en la tumba del joven asesinado. La convocatoria reunió a unos 3 mil trabajadores, que marcharon en las cercanías de la plaza Santa Rosa.

"Al llegar a Mendoza y Corrientes vieron venir por Mendoza a una veintena de bomberos armados con Mauser y bayoneta calada, junto a otros tantos del escuadrón con sables y carabinas". Minutos después se escuchó la orden de "¡Fuego!".

Fue un claro operativo de represión. Hubo al menos una quincena de heridos, algunos de mucha gravedad. Entre los heridos graves, el zapatero Luis Carré, de 40 años, había recibido un balazo en el estómago, y Alfredo Seré, de 10 años, aprendiz de zapatero, también había sido baleado. Ambos murieron al otro día. Esa noche los centros obreros estuvieron atestados de gente, y los dependientes de comercio lograron que se les levantara la clausura de su local. Ya se anunciaba la llegada del debutante diputado socialista Alfredo Palacios para mediar en el conflicto.

Tras casi una semana de huelgas, y con tres muertos causados por la represión policial (al que a fin de año se sumó otro herido que falleció), los comerciantes de la ciudad aceptaron parte del pliego reclamado por los dependientes de comercio.

La Masacre de la plaza Santa Rosa tuvo repercusión nacional. Poco tiempo después, la Federación Obrera Argentina declaró una huelga nacional que incluyó entre los reclamos el repudio a los hechos ocurridos en Rosario. A su vez, la huelga de los dependientes "permitió el fortalecimiento momentáneo de las organizaciones obreras. Los radicales revolucionarios interpretaron que había un clima social favorable a la revolución; y las llamadas «clases conservadoras» también, por lo que se inclinan por fortalecer las estrategias represivas", señaló Prieto.

—¿Fue un año muy movido en Rosario?

—Claro, fue un año de una gran movilización obrera en Rosario. El Congreso del Partido Socialista se realizó en Rosario y ese 1º de mayo había tenido una convocatoria muy importante. Además, ese año había elecciones de gobernador y presidente. Los diarios jugaron mucho en esas elecciones. La Capital y El Municipio se mostraron muy favorables a reivindicaciones de los trabajadores porque lo que ellos planteaban es que la negativa a mejorar las condiciones de vida de los obreros se debía a los gobiernos tanto provincial como nacional y eso era lo que generaba alta conflictividad. Entonces había que promover un cambio y en ese sentido La Capital les daba mucho espacio a las coberturas de estas cuestiones, había como una corriente de simpatía en particular con los socialistas. El Municipio, como estaba preparando la revolución radical de 1905, va a llamar prácticamente a la huelga general luego de la represión en la plaza Santa Rosa.

http://www.lacapital.com.ar/cultura-y-libros/las-conquistas-obreras-solo-se-consiguieron-lucha-n1385697.html


Compartimos un artículo del diario El Ciudadano de Rosario, publicado el 30 de abril de 2017.


30 Abril 2017.


Cuando Rosario encendió la mecha

Por: Paulo Menotti.

En 1917 en los talleres del Central Argentino en Rosario trabajaban tres mil obreros.

“Reinó el desorden. Hubo tranvías hechos hogueras por las calles de Rosario, el estallido de bombas concluyó por resultar frecuente, en ocasiones ningún automóvil circulaba sin permiso escrito de federaciones organizadas para perjudicar el tráfico, y los ferrocarriles, particularmente antipáticos al presidente, fueron saboteados múltiples veces con incendios de coches, destrucción de vías o puentes, descarrilamiento de trenes y estragos. Se vio también el penoso espectáculo de soldados del ejército nacional, a quienes los huelguistas les quitaban el máuser de las manos, sin que los así vejados pudieran resistirse, pues tenían orden de no hacerlo. El puerto quedó en manos de la federación marítima y las cosechas sufrieron criminales tropelías”, recordó el historiador Juan Álvarez sobre la situación de la ciudad de Rosario durante 1917, un año clave de uno de los principales ciclos de huelga que sacudió al país entre 1917 y 1921 durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen. En ese período de tiempo transcurrieron la Semana Trágica (enero de 1919), los sucesos de la Patagonia Trágica (1918-1921) y los de la empresa La Forestal (1918-1921) en el norte santafesino. Por entonces, el 1º de Mayo no era un día feriado. Conmemorar a los Mártires de Chicago, es decir, a los obreros asesinados en Estados Unidos por protestar, era un desafío a los patrones y a una sociedad que pretendía que los trabajadores no reclamaran. En ese marco, hace 100 años Rosario iniciaba una gran huelga de repercusión nacional que tuvo su origen en el reclamo de los trabajadores de los talleres ferroviarios de la empresa Central Argentino, en el actual shopping Alto Rosario. En junio de 1917, la empresa de origen inglés, ante la crisis económica que marcaba la Primera Guerra Mundial para la Argentina, pretendía un mínimo de trabajo para sus empleados.

Plusvalía y después

Desde sus primeros tiempos, el capitalismo impuso un sistema de dominación que tiene entre sus principales bases la relación asalariada de trabajo. En ese proceso, un trabajador es despojado de parte de su producción casi sin darse cuenta. Desde mediados del siglo XIX quedó claro que si un trabajador realizaba una labor, una producción por su cuenta, lo hacía en menor medida que en un medio de producción donde había máquinas, además de una división y racionalización del trabajo. En su taller, un artesano podía fabricar, como ejemplo, una camiseta, pero en un centro fabril llegaba a producir más aunque siguiera cobrando un salario equivalente al que ganaba por sí solo. A esto lo llamaron plusvalía y es la parte con la que se queda el empresario. Cuando los trabajadores se dieron cuenta de esto atacaron de lleno al nudo productivo, es decir, el tiempo de trabajo. La medida de fuerza fue entonces parar la producción con la huelga. Estaba claro que, mientras más tiempo estaba el obrero en la fábrica, más riqueza generaba para el patrón. El historiador Edward P. Thompson contó que hacia fines del siglo XVIII e inicios del siguiente, los patrones adelantaban el horario de sus relojes a la hora de entrada en la fábrica, y lo atrasaban para la salida.

Resistir a los carneros

Al mismo tiempo, la huelga significó desde sus primeros momentos un desafío al orden patronal. Abandonar el trabajo y hacer frente a las represalias era recordarles a los empresarios que estaba en manos de los trabajadores poder fabricar las cosas. Por eso, desde los sectores patronales lo vieron, y lo ven, como una afrenta. Para combatir eso, los empresarios inventaron mil excusas y proclamaron la “libertad de trabajo”, es decir, que había gente que por más que era explotada quería seguir trabajando. Así fue que durante mucho tiempo llevaron a trabajar a rompehuelgas, también conocidos como carneros. Si el trabajo continuaba, el empresario no tenía pérdidas y los trabajadores se desanimaban en sus reclamos. Los trabajadores no permanecieron quietos sino que desde hace más de 150 años inventaron los “piquetes de huelga”, que no fue otra cosa que intentar evitar que otros entren a trabajar, que ocupen sus lugares de trabajo, cuando ellos mismos están reclamando. Por último, los trabajadores comenzaron a reclamar por el “derecho a huelga”, que significó poder reclamar sin perder el trabajo, ni el jornal de paga, sin ser perseguidos por las autoridades.

Rosario hace 100 años

En junio de 1917, en los talleres del Ferrocarril Central Argentino trabajaban más de tres mil obreros. Allí confeccionaban y reparaban los vagones ferroviarios y las máquinas. En esa época, hacía casi tres años que había comenzado la Primera Guerra Mundial, y la economía hacía decaído. Por primera vez el país entró en crisis en el siglo XX, los barcos dejaron de tocar el puerto rosarino y las empresas ferroviarias dejaron de invertir, se perdió el fervor de colocar vías. Incluso peor, las empresas comenzaron a recortar en lo que más podían. Primero echaron a los trabajadores inmigrantes del Imperio alemán y luego comenzaron a recortar salarios y puestos de trabajo. En el gran taller de Rosario, en el que llegaron a trabajar entre 3 mil y 7 mil obreros y muchos de ellos eran conchabados sólo por jornada en el Portón Nº1 de avenida Alberdi, la empresa propuso que los de secciones de aserraderos trabajasen seis días al mes. Los obreros pidieron por lo menos cuatro días semanales. Así comenzó la huelga a la que se sumaron reclamos salariales. Al mismo tiempo se dio una gran pelea en las calles cercanas a la empresa porque los trabajadores hicieron piquetes para impedir el ingreso de carneros. Así fue que tomaron el protagonismo las mujeres de los barrios Refinería y Talleres, que rodearon el sector y “visitaron” a las familias obreras que no estaban tan convencidas, para que participaran en la medida de fuerza. Las cosas se fueron agrandando, hubo huelguistas que incendiaron vagones y depósitos empresarios, se levantaron vías, y hubo enfrentamientos con la Policía. Afortunadamente, el jefe de la fuerza, el radical Noguera, tenía un buen trato con los trabajadores y no permitía abusos policiales. La empresa entonces decidió despedir a dos trabajadores que eran líderes de la huelga, y el conflicto se orientó en torno del reclamo para que dejaran volver al trabajo a los despedidos. Se realizaron asambleas en el salón Airosi, de avenida Alberdi, donde asistieron tres mil personas e Yrigoyen envió a dichas reuniones al ministro de Obras Públicas, Pablo Torello.

Huelga general

El conflicto se resolvió el 10 de julio pero estalló nuevamente en agosto, cuando hubo un lock out patronal y las cuestiones se salieron de cauce. El conflicto se extendió a la provincia con la quema de 20 vagones en San Genaro y enfrentamientos en San Cristóbal, y luego a todo el país. Entre los dirigentes obreros de los ferroviarios, los socialistas fueron mayoría y entre estos surgió el español José Domenech, que militaba en el PS rosarino. Éste fue quien destronó al anarquista Pedro Casas, quien no era obrero ferroviario y había sido convocado por los trabajadores porque la empresa despedía sistemáticamente a cualquier dirigente. En septiembre, la cuestión se complicó con la huelga de tranviarios. Los ferroviarios apoyaron a los transportistas y atacaron a los carneros. Cuando un tranvía pasó frente al Portón Nº1 de avenida Alberdi, desde la biblioteca obrera que estaba enfrente unos niños comenzaron a arrojar piedras y desde el coche respondió el bombero custodia con su máuser. Como resultado murió un trabajador. Se inició entonces una huelga general decretada por la anarquista Federación Obrera Regional Argentina y la Federación Obrera Local Rosarina, ligada a la anterior en apoyo a los ferroviarios. La medida de fuerza terminó en un triunfo para los trabajadores y la empresa se limitó a reclamar aumento de tarifas para hacer frente a este costo salarial.

http://www.elciudadanoweb.com/cuando-rosario-encendio-la-mecha/

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